Psicosclerosis: el endurecimiento de las actitudes
18 de agosto de 2026
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Al final termino explicándomelo casi todo desde el punto de vista evolutivo. Creo que cada cosa nace, crece y se desarrolla según las condiciones que se le presentan a la preconfiguración y acomodo de su información encapsulada que habrá de cumplir, a como pueda y de la mejor manera, el desdoblamiento y despliegue de su destino. Es decir, habiendo semilla y entorno propicio, esa promesa que fértil dormita acaba por despertar a la vida de nuestros sentidos y experiencia.
Respecto al fenómeno del aprendizaje también he encontrado una referencia poderosa como modelo descriptivo y explicativo para entender casi todos los procesos con los que incorporamos conocimientos, desarrollamos habilidades y modificamos actitudes. Algo así como la anatomía de cualquier maestría. Sospecho que todas se parecen, que todas tienen los mismos elementos. Dominio, pericia o habilidad en cualquier área de la vida requieren casi de los mismos elementos y atraviesan por los mismos estadios. Todas las recetas para hacer limonada llevan agua, limón y endulzante. El momento y la manera en que los revuelvas. El estilo y las proporciones que apliques ya serán parte de tu sello. Tu sazón.
Si tan solo aprendiéramos cada cosa cómo en su momento aprendimos a caminar… Cuánta miseria y sufrimiento innecesarios nos ahorraríamos. Cuántas críticas, roces y condenaciones. No caminábamos. Pasó un tiempo y después de algunos golpes, desconciertos, sorpresas y descubrimientos… zas!, empezamos a caminar. ¿Hubo errores? Sí. ¿Hubo caídas? Sí. ¿Hubo apoyo externo? Sí. ¿Hubo alguien que tuviera fe en nosotros? Sí. ¿Hubo optimismo, creatividad y compromiso de nuestra parte? Sí. Hubo quizás hasta derrotas temporales, sin embargo prevaleció la persistencia hasta lograr el objetivo, prueba de ello es que ahí andamos deambulando como si fuera lo mas natural del mundo. ¿Cuántos de nosotros caminaríamos en este momento si «allá y entonces», mientras nos encontrábamos aprendiendo a caminar, en uno de esos naturales tropiezos nos hubiéramos derrotado en definitiva y dejado de intentar? No faltaría quien, de buena fe, nos diría: inténtalo… tu puedes… tienes capacidad… tienes facultades… todos podemos… trata otras formas… otras maneras… empero, cuesta trabajo. Hagamos lo que hagamos nuestras vidas pudieran estar llenas de chispazos creativos, instantes eureka, momentos de descubrimiento y experiencias de aprendizaje, mientras seamos flexibles y adaptables, mientras nos mantengamos abiertos y dispuestos a nuevas posibilidades. Nuestra existencia pudiera ser una reacción en cadena de despertares, sin embargo estamos asustados. Nos da miedo intentarlo de nuevo. Se nos olvida que tenemos el temple para levantarnos las veces que sean necesarias hasta que desarrollamos esa comprensión, capacidad o habilidad. Mientras mas crecemos mas fácil caemos en ese estado que denominan los psicólogos como «incapacidad adquirida», o sea, la capacidad la tenemos, lo que finalmente adquirimos fue la incapacidad para después practicarla. Vamos por la vida practicando las capacidades e incapacidades adquiridas. Estas últimas son el lamentable punto y desafortunado momento en el que llegamos a la conclusión que nada de lo que hagamos nos puede defender de la situación. También se le conoce como «indefensión aprendida». Si quisiéramos inventar un vocablo nuevo se le podría llamar psicosclerosis: endurecimiento de las actitudes. Llegados los nubarrones de la desesperanza ocurre la muerte del alma, acaecimiento que precede a la ruptura última con la vida: el fallecimiento físico. Por eso constantemente busco diferentes maneras e intento recordarme por diversos medios que debo echarle espíritu deportivo a todo lo que enfrento y ver cada proceso de aprendizaje como cuando estaba aprendiendo a caminar. Que va a haber caídas. Que va a haber tropiezos y que habré de intentarlo e intentarlo, aguantando a lomo partido los intentos que sean necesarios, hasta que florezca el fruto esperado… después de todo, aprendí a caminar… después de todo claro esta que puedo soportar cualquier derrota temporal… de no ser así, aun andaría a gatas.
Yo sospecho que todos tenemos un puño. Se trata de ayudarnos, a través del reflejo con el otro, viendo nuestras potencialidades no explotadas como retos y oportunidades. Mayormente somos agua. Nuestra composición biológica está formada en un alto porcentaje de agua. El agua cuando se encuentra aquietada, en paz y sosegada puede reflejar al objeto que se le enfrenta. Creo que nosotros también somos así: solo cuando estamos reposados podemos reflejar al otro tal cual es. Si estamos turbios, turbio será nuestro reflejo y así veremos también al mundo… finalmente Freud tenía razón: «la proyección produce percepción».
Con Dios y contigo: Gnozin