Lo que me choca, me checa
19 de enero de 2026
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19 de enero de 2026
Lo que me choca… me checa.
Es una frase que solemos repetir con ligereza, como si fuera un coqueto juego de palabras.
Pero en realidad, es un portal. Un espejo.
Una invitación a mirar adentro, aunque duela.
Porque a veces, lo que más nos molesta del otro es justo lo que no hemos podido aceptar de nosotros mismos. Se le conoce como la sombra en la psicología de Jung.
Y esa incomodidad es una pista. Un aviso. Un camino hacia la conciencia… si te atreves a seguirlo.
Hace algunos años descubrí esta verdad por la vía de la experiencia. Estaba desayunando en un restaurante, solo, disfrutando un momento de calma, cuando en la mesa de al lado un bebé comenzó a llorar. No era un llanto breve ni discreto. Era insistente, visceral, sin tregua.
Mi primera reacción fue la molestia: fruncí el ceño, solté un suspiro y pensé con impaciencia:
¿Por qué no hacen algo? ¿Por qué no lo callan?
Pero apenas formulé esa idea, algo dentro de mí se activó.
Una parte más lúcida, más despierta, me devolvió otra pregunta:
¿Por qué te duele tanto el llanto de un niño?
Y entonces lo comprendí: no me molestaba el bebé… me dolía su libertad.
La libertad de llorar.
De expresar sin miedo lo que siente.
De hacer visible su necesidad sin pedir permiso.
Yo, en cambio, había aprendido a callarme.
A guardarme el llanto.
A sofocar la tristeza.
A tragar el dolor para no incomodar a nadie.
Ese día entendí que no era el sonido del llanto lo que me irritaba, sino la parte de mí que seguía sin sanar y reprimida.
El bebé no era el problema.
Era lo que me reflejaba.
Desde entonces, cada vez que algo me choca profundamente, me detengo.
No para juzgar al otro, sino para escucharme.
Porque muchas veces lo que no soporto afuera es justo lo que no he sabido abrazar adentro.
Y eso cambia la conversación.
Lo que me choca, me checa.
No como frase cliché, sino como brújula interior.
El juicio puede ser el disfraz de una herida.
El fastidio, un eco de lo no sanado.
Así que la próxima vez que algo o alguien te saque de quicio, haz una pausa.
Y pregúntate con honestidad:
¿Qué parte de mí está reaccionando así?
¿Será enojo o será envidia?
¿Será irritación o será tristeza no expresada?
¿Será que me molesta su libertad… porque yo no me la permito?
Cuando el juicio se convierte en autoconciencia, comienza el verdadero trabajo interior.
Y como todo lo que vale la pena, ese trabajo duele antes de sanar. Por eso se dice que vale la pena que atravesamos para trascenderlo.
Gnozin
Psicólogo de Empresas
Publicado originalmente en Facebook el 19 de enero de 2026. Ver la publicación original (ID de Facebook: 10163458023778257).